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Gobierno semáforo

El nuevo gobierno alemán, surgido como resultado de una coalición entre socialdemócratas, verdes y liberales, no está suscitando el interés que merece un cambio en el puente de mando de una de las naciones industrializadas punteras del planeta y soporte fundamental de la Unión Europea. Las razones de esta apatía no tienen que ver con déficits de imagen -todo lo contrario: ¿qué mayor novedad cabe que este gobierno multicolor en un país como Alemania, donde la coherencia electoral y los medios tonos son la norma?-. Pesan más la complicada situación económica, la alarma provocada por las nuevas cepas del patógeno, el malestar de la ciudadanía por los pasaportes sanitarios y un escepticismo general en relación con prácticamente todo, incluyendo la eficacia de las vacunas.

El nuevo Canciller Federal Olaf Scholz (SPD), la carismática Annalena Baerbock (Verdes) y el liberal Christian Lindner (FDP), ¿vaticinan en Alemania un cambio con mayúsculas, o se limitarán a seguir con la hoja de ruta de la caduca y quemadísima Angela Merkel. Llegar a los extremos del ejecutivo saliente en cuanto a pasteleo y vasallaje hacia las encuestas de opinión va a ser difícil. Por ello, de entrada, resulta inevitable que se perciba cierto cambio en este sentido. Tanto más por cuanto los problemas del futuro cercano imponen actuar en consecuencia. La crisis post-Covid y los dilemas europeos no se resolverán solos. Obligarán a actuar, tomando decisiones impopulares pero necesarias.

La situación actual es comparable a la que existía al formarse el primer gobierno de coalición entre socialdemócratas y verdes en 1998. Entonces Joseph Fischer, un antiguo activista de izquierdas que en los años 80 había corrido delante de los antidisturbios en manifas contra la OTAN, terminó siendo Ministro de Asuntos Exteriores, y además uno de los más capaces que ha tenido la República Federal, llegando a renunciar a sus convicciones pacifistas ccuando fue necesario enviar tropas alemanas a la guerra de Kosovo. ¿Tendrá Annalena Baerbock la misma amplitud de miras cuando la necesidad obligue a plantear opciones tan contrarias al ideario ecologista como el retorno a la energía nuclear? El tiempo lo dirá.

Sin duda alguna el mayor obstáculo al júbilo de algunos gobiernos progresistas europeos es, no hace falta decirlo, la presencia de Christian Lindner en el poderoso Ministerio de Hacienda alemán y su poder para influir sobre los asuntos económicos de la Unión Europea. Si Berlín continúa en la senda de ortodoxia presupuestaria iniciada por Merkel y Schäuble tras la crisis del Euro, hace ya algunos años, posiblemente habrá que hacer ajustes que no gustarán a más de un dignatario alérgico a la austeridad. La nueva coalición de gobierno en Alemania significa un mal presagio para Sánchez y algunos de esos barones regionales que fían su salvación política al dinero barato y las ayudas de Bruselas.

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