¿Cuál es la Historia?

Economía y Geopolítica en el siglo 21

El resurgir de la propaganda rusa

Maria Zakharova

Quien haya seguido a través de las redes sociales el conflicto bélico en Europa Oriental, se habrá dado cuenta de un fenómeno que comienza a ser llamativo: el paulatino declive del relato «oficial», empeñado en crear el mito heroico de una resistencia ucraniana invencible y predestinada a la victoria. Como vivimos en la realidad, y no en el plató donde se ruedan sagas icónicas de la cultura de masas anglosajona como Star Wars o El Señor de los Anillos, al final lo que se impone es el realismo político. Se escucha menos ruido en las redes, se ven menos banderitas de Ucrania adornando las cuentas de Twitter y se concede más atención a la propaganda rusa, a través de su página informativa Russia Today, los youtubes de Liusivaya y la cuenta oficial de la embajada de Rusia en Telegram, con las últimas declaraciones del Ministro de Exteriores Sergei Lavrov y su portavoz María Zakharova. Hay varias razones que explican por qué al final la maquinaria de información exterior rusa está demostrando mayores niveles de calidad y eficacia que la de Estados Unidos y los países occidentales.

La primera está en que nuestra propaganda es tan mala que no se la creería ni un niño de 11 años: una avalancha desorganizada de noticias sensacionalistas, memes, clichés, opiniones pagadas, videos falsos y montajes a cual más burdo. Todo burdo, infantil, hueco de contenido informativo y dirigido a provocar una reacción visceral de rechazo contra todo lo ruso, desde la mesa kilométrica en el despacho de Putin hasta la música de Tchaikowski. Por el contrario, la propaganda del Kremlin sigue un hilo argumental definido, coherente, equilibrado en cuanto a presencia de verdades e historias sesgadas, que crea en el lector la impresión de estar aprendiendo algo realmente útil acerca de uno de los conflictos geopolíticos decisivos de nuestro tiempo.

Otra de las razones de su éxito es que la información oficial rusa no oculta su naturaleza tendenciosa. Es como si en todo momento nos estuviera diciendo: «OK, lo nuestro es propaganda, sí. ¿Pero qué se esperaban? Al fin y al cabo, somos una nación en guerra? De todos modos vengan, lean estos estupendos análisis de RT y escuchen lo que el camarada Lavrov les tiene que decir; luego, sin ningún compromiso, se forman su propio criterio, y aquí todos tan amigos como antes. Al fin y al cabo, esto no es nada personal». Del otro lado, la desinformación occidental intenta mantener la ficción de que Estados Unidos y Europa luchan por los elevados ideales de la democracia y la autodeterminación de los pueblos, solo por ese noble fin, sin el menor atisbo de interés material ni hipocresía política. El resultado de una campaña publicitaria basada en tales premisas es el que nos podemos imaginar.

Sin embargo, la causa de que al final la propaganda rusa se esté imponiendo -al margen de que las circunstancias reales de la guerra se hayan vuelto favorables de Moscú- está en un fenómeno objetivo y totalmente atestiguado por la investigación. Los psicólogos lo llaman «efecto durmiente». Se pudo apreciar por primera vez hace más de 70 años al analizar la eficacia de la propaganda de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. Al principio, películas y octavillas no causan ningún efecto en los soldados ni en la población civil. No obstante, al cabo de unos meses, al hacer de nuevo las encuestas, se apreció un mayor grado de movilización ideológica y una moral más alta entre los consumidores de propaganda. Todo el mundo, desde el soldado que luchaba en las playas del Pacífico hasta la última sirvienta de color que barría los pasillos del Pentágono, entendía claramente por qué era necesario pelear contra el imperialismo nipón y los nazis.

Al parecer, los contenidos de la propaganda bien hecha son como una semilla poco a poco germina en la mente de las masas. Pasado un tiempo, la gente termina sabiendo (o mejor dicho reyendo que sabe) por qué hace lo que hace o piensa como piensa, sin recordar cómo se enteró de la información. Es evidente que en nuestros tiempos está sucediendo algo parecido con los comunicados de la embajada Rusa y los artículos de análisis de Russia Today.

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