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E.On: subiendo la montaña a golpe de piolet

E.On

Hay acciones con las cuales te pasas la vida haciendo malabares con sus fundamentales a la espera de que se produzca la constelación propicia. En E.On, título que con sus 26.000 millones de euros de capitalización ocuparía en España un puesto de honor en el Ibex35, no pasa de ser en el DAX alemán uno más entre la multitud. Pero hay esperanza para los accionistas: los ahorros de costes resultantes de la incorporación de la tecnología de redes de Innogy, spin-off de RWE, se hacen notar. La filial británica (Powergen) vuelve a números negros. En todo el grupo el beneficio neto del ejercicio en curso, estimado entre los 1.700 y los 1.900 millones de euros, supera con creces las últimas cotas de la Vieja Normalidad con sus 1.600 millones de 2020.

Sin embargo, no es oro todo lo que reluce. Por un lado está el reducido margen del sector del gas natural: fue necesario facturar 48.000 millones de euros para obtener un beneficio operativo de tan solo 485 millones. Y por si fuera poco, un endeudamiento de casi 41.000 millones complica el panorama haciendo la acción poco atractiva para los inversores de valor. Los recursos propios descienden por debajo del peligros límite psicológico del 10%.

Más del 80% de los ingresos de E.On proceden de un suministro energético regulado por normativas legales. Eso hace que la capacidad de generar liquidez sea alta y además previsible. Conclusión: para que el título pueda realizar avances significativos por encima de la cota de los 10 euros -que es a lo que cotiza en la actualidad aproximadamente- es necesario que sus estructuras de distribución se vuelvan más rentables y se hagan esfuerzos para reducir su ciclópea deuda (Fuente: Wirtschaftswoche).

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