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Greta Thunberg: entre el lobby de las energías limpias y la psicosis de masas

Greta Thunberg

¿Es Greta Thunberg un mito de diseño? ¿Un montaje creado por acción premeditada de determinados grupos de presión a través de una estrategia hábil y conscientemente planificada? Toda la evidencia disponible, nombres y apellidos y las circunstancias recolectadas por cierto periodismo de investigación -avalado por el demoledor artículo de «The Times» el pasado mes de agosto, apuntan a ello sin lugar a dudas. El único margen para la tolerancia lo aporta el hecho de que, por mucho talento publicitario y de networking que se posea, no es fácil generar de la noche a la mañana un bombazo de resonancia mundial. La suerte ha tenido también bastante que ver en ello. En realidad, Greta Thunberg se convirtió en una celebridad mundial por puro azar. Podía haber sido cualquiera otra de las caras jóvenes que los promotores del lanzamiento tenían en reserva. Algún día resultará interesante conocer quienes eran.

No perdamos el tiempo glosando a los protagonistas del montaje en torno a Greta Thunberg. En numerosos medios el lector dispone de recensiones, comentarios, valoraciones y réplicas del famoso artículo de Justin Rowlatt en The Times, junto con los nombres de los protagonistas que mueven todo el tema Greta entre bastidores: el activista medioambiental Ingmar Rentzhog, el millonario Gustav Stenbeck y la antigua ministra socialdemócrata sueca Kristina Persson, de más que acomodada familia y miembro del Think Tank ecologista internacional European Climate Foundation, con sede en Bruselas, al cual pertenecen, dicho sea de paso, casi todos los restantes protagonistas de esta historia.

La idea es simple: favorecer a un grupo de empresas del sector de la energía que se dedican al desarrollo de energías limpias. Se trata de captar contratos públicos facilitados al calor de este movimiento mundial por el clima, que tras una odisea de reminiscencias homéricas -con buques de vela cruzando el proceloso océano, no precisamente en la mejor época del año para ello-, conferencias, eventos multitudinarios, entrevistas con mandatarios de diversas naciones e incluso con el papa Francisco, finaliza en la Cumbre Climática de Madrid. Mayor fortuna no se habría podido tener, salvo que se cuente con el favor de los dioses, como era el caso de los míticos héroes de la Antigüedad.

Es pronto para decir si la aventura de Greta Thunberg tendrá éxito. Probablemente sí, porque la tendencia a la descarbonización de la economía y las tecnologías limpias es irreversible. Tampoco sabemos cómo acabará su principal protagonista. ¿De vuelta en la escuela? ¿Al frente de una de esas ONGs internacionales creadas por personajes como Jimmy Carter o Al Gore? ¿O simplemente en el olvido? En el plano personal, interesa saber que con su insensata travesía del Atlántico, Greta Thunberg ha conseguido dos importantes objetivos: primeramente, desafiar con éxito a los críticos que denunciaban su vinculación al mundo del gran capital y la captación profesionalizada de subvenciones públicas. En segundo lugar, culminar la fase principal en lo que el psicólogo clínico Abraham Zaleznik (1924-2011), profesor de la Escuela de Negocios de Harvard y autor del mítico libro «La Mística del management», describió como el proceso general de formación de los líderes: hacer frente a una experiencia traumática y retadora, tener éxito en ello y como resultado de la experiencia, adquirir consciencia de que se es una persona única, diferente a las demás. Se trata de un peculiar fenómeno psicológico llamado «extrañamiento», que según el Dr. Zaleznik, no hay que confundir con narcisismo.

El caso Greta Thunberg, más allá de polémicas lobbísticas, invita a reflexionar acerca de la naturaleza humana. Las muchedumbres necesitan héroes -lo vamos a ver en cuanto la protagonista de esta insólita historia llegue a Madrid-. Pero los héroes no existen: se fabrican para servir a intereses económicos o militares. Greta Thunberg, mal que pese a muchos de sus entusiastas, no es ninguna excepción al respecto. Mientras la psique de millones de personas siga anclada al patrón imperfecto que conduce a dar prioridad al sentimiento sobre la razón, y la cosa va para largo, existirán el milenarismo y las psicosis de masas.

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