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Ayuso en Nueva York

Ayuso

Se sea o no partidario de Isabel Díaz Ayuso, todo el mundo estará de acuerdo en una cosa: la joven Presidenta de la Comunidad de Madrid es el fenómeno más relevante de la política española de los últimos tiempos. Y para ello hay más que sobradas razones. Otras confían en el marketing, en la ingeniería curricular y en ciertas cosas dizque «chulísimas» para fabricarse un liderazgo de diseño. Ayuso se mueve siempre en un terreno de realismo político y hechos contundentes que recuerda al estilo de las figuras políticas de otros tiempos, no solo en este país, sino en la incompetente y nihilista Europa de nuestros tiempos. Se trata, en pocas palabras, de una cuestión de substancia. Mientras la clase política española no tiene otro horizonte que el de pertenecer al Consejo de Estado, con un sueldo vitalicio de 70.000 euros, o hacerse un chalet en las afueras de Madrid, Ayuso aspira a hacer historia. De hecho, la está haciendo.

Ayuso suele viajar con cierta frecuencia a Estados Unidos. ¿Por qué lo hace? Desde luego no para que le saquen fotos paseándose por la Gran Manzana o delante de la Casa Blanca. Su objetivo, en realidad, es el mismo que el de Pedro Sánchez: visitar a los gestores de los grandes fondos de inversión, compañías de seguros y fondos de pensiones que tienen algo que decir con respecto al flujo de capital dirigido hacia España. En este tráfico de cientos de miles de millones de dólares, la Comunidad de Madrid se ha convertido en un nodo fundamental, tanto a nivel de oportunidades de inversión como de de influencia política.

Algo que no se tiene en cuenta a la hora de hablar de los fondos de ayuda europeos -el Next Generation y su versión local, el plan «España Puede»- es que los mismos se encuentran condicionados a una participación importante del capital privado. Hablando en cristiano: quien ofrezca a los gestores de capital las mejores garantías en cuanto a oportunidades de rentabilidad, seguridad jurídica, estabilidad política y, por supuesto, carisma personal de la persona que ejerce las prerrogativas del poder, será quien se haga con la inapreciable baza que supone la confianza del mundo financiero. Y con ello, dispondrá de la clave para gobernar el país.

Esta es, en resumen, la clave del enfrentamiento entre Isabel Díaz Ayuso y Pedro Sánchez en tierras norteamericanas. Porque de lo que se trata realmente no es de la rivalidad de Ayuso y Casado, sino de un pulso entre la Presidenta de la Comunidad de Madrid y el Presidente del Gobierno de España. Este, y no otro, es el meollo de la historia en estos días de Coronavirus y desinfomación. Con respecto al otro Presidente, al de cierta asociación electoral de segunda fila al que llaman Partido Popular, ni está, ni se le espera. Su único horizonte histórico es ese pasillo, a todas horas transitado por aduladores e intrigantes, con el que limitan su despacho y las covachuelas de sus corifeos en Génova 13.

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