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Sanitarios y Policía al borde del agotamiento

Sanitarios - Policía

La llegada de la variante Omicron del Coronavirus cambia de tal modo las reglas que prácticamente se puede hablar de un antes y un después. Hay TRES cosas que conviene tener claras sobre Omicron. (1) Se trata de una cepa infinitamente menos letal que sus predecesoras; los síntomas que produce son apenas distinguibles de los de una gripe vulgar o un catarro de estación. (2) Este virus es mucho más contagioso que las cepas originales y mutadas hasta la fecha. Mientras el patógeno original podía propagarse a razón de 0,8 – 1,1 contagios por persona afectada, el factor mucho más alto (entre 3 y 4) de la cepa sudafricana convierten a Omicron en un fenómeno que se propaga de manera exponencial, sin que exista modo humano de bloquear su difusión a toda la población de un país en cuestión de días. Y (3): los datos de última hornada demuestran que las vacunas utilizadas hasta la fecha NO PUEDEN HACER NADA contra el virus mutado. Dicho sin ambages, Omicron es invulnerable a Pfizer, Moderna, AstraZeneca y Johnson & Johnson.

Que cada cual extraiga las consecuencias de lo anterior. La primera es que la gente debe ser responsable y cuidarse. La acumulación de dosis de refuerzo y el recurso paranoico a mascarillas, pasaportes Covid y desinformación no será tan importante como actuar con prudencia, guardar las distancias, evitar las aglomeraciones (¡Esas cenas de Nochebuena con 24 de familia en el comedor!) y llevar una vida sana. Si al final no consigues librarte del virus, al menos que te encuentre bien sanote y con la mente sana. Después ya se irá viendo, conforme avance el nuevo año y se disponga de más datos.

Es importante que te comportes como una persona y no como un animal, porque todo depende de ti, y no de las normativas surrealistas del Gobierno y las consejerías de Salud de los ejecutivos autónomos. En estos momentos, la situación es tal que la gestión pública del Covid-19 se encuentra en un punto muerto. Hace pocos días, los responsables políticos y sanitarios estaban resueltos a volver a las restricciones, incluso a nuevos confinamientos. Ahora no lo tienen tan claro. No solo se ven desbordados por la realidad exponencial de Omicron. La escena antivacunas, que hasta hace tan solo algunas semanas constaba de algunos grupos aislados que coreaban consignas en alguna apartada plaza a las 8 de la tarde, se ha convertido en un vasto y agresivo movimiento que alborota y desestabiliza a la sociedad en las calles, en Internet e incluso desde algunos medios de comunicación del establishment.

El poder público dispone de medios adecuados para gestionar el descontento del populacho. Bien lo demostró hace años, poniendo a un Pablo Iglesias al frente del 15-M para evitar que los indignados terminaran creando en España una segunda Grecia durante la crisis de la Deuda Soberana. Pero el sistema tiene sus puntos frágiles. Como se sabe, ninguna cadena es más fuerte que el más débil de sus eslabones. Sanitarios y Fuerzas del Orden son los colectivos más castigados por la crisis: contagio masivo (de las cepas anteriores del virus, no de esta que en comparación es un chiste), una carga de trabajo insoportable, horarios agotadores, ingratitud social, abusos de autoridad e incluso lesiones físicas, son solo una parte del precio que la policía y el personal hospitalario han tenido que pagar por mantener a flote toda la gestión del Covid-19.

Un recrudecimiento de las medidas sanitarias supone poner a prueba a unos sectores profesionales totalmente quemados y al borde de la extenuación. ¿Se puede hacer? No tardaremos en comprobarlo. En estos momentos, mientras el Lehendakari da vueltas a lo que piensa decirnos en su discurso de Año Nuevo, no sería de extrañar que este genio insuperable de la gestión sanitaria, Urkullu, se estuviese sintiendo como un colegial que está a punto de darle una patada a un avispero.

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