¿Cuál es la Historia en Bilbao?

Reinvención de una ciudad en declive

Free tours Bilbao: paraguas, camisetas rojas y precariedad laboral

Bilbao Free Tour

Los free tours, o recorridos turísticos organizados a través de plataformas on line, en los que el visitante paga al guía la voluntad, eran ya una tendencia conocida antes de la pandemia. Sin embargo, es después del final de las restricciones de la pandemia cuando hemos podido contemplar desde nuestras ventanas la estampa novedosa de un Bilbao transitado por grupitos de paseantes dirigidos por hombres y mujeres jóvenes con camiseta roja. La dinámica de estos paseos es simple. Normalmente se acude a un punto de reunión en el que espera el guía provisto de un paraguas con logotipo para aumentar su visibilidad. A partir de ahí, el grupo es conducido por todos los puntos de interés habituales, en el Casco Viejo o el Ensanche, mientras se le facilitan explicaciones y anécdotas de todo tipo relacionadas con cada uno de los puntos de parada. Al final del trayecto, que suele durar aproximadamente dos horas, los turistas retribuyen a la guía o al guía con una propina que suele variar entre los 3 y los 8 euros. A esta modalidad de excursión urbana la llaman «free tour».

Existen opiniones encontradas acerca de estas visitas guiadas pseudo-gratuitas, espontáneas y totalmente ajenas a cualquier regulación municipal o de derecho laboral (pero que, llamativamente, cumplen los requisitos sanitarios del Covid-19). Unos lo ven como un fenómeno inevitable a la altura de los tiempos, en la línea del nuevo negocio on line tipo Airbnb, Blablacar o Glovo. Las empresas de receptivo y los guías oficiales, que tienen que cumplir normativas y pagar un potosí en impuestos y cotizaciones sociales, echan pestes del Free Tour, considerándolo un caso flagrante de competencia desleal y una lacra para la ecología urbana.

Entre ambos extremos se encuentra el caso de los propios guías, atrapados entre el triunfalismo tecnológico de los gurús digitales y la ojeriza vitriólica de los intereses creados. Ni qué decir tiene que, si estos cicerones del free tour pudieran elegir, estarían trabajando para una empresa de receptivo establecida, con contrato y tarifa habitual de 90 o 100 euros por tour, en lugar de depender de las propinas de los turistas como si fueran mozos de cuerda en un país tercermundista o inmigrantes rumanos en Palma de Mallorca. Ganarse la vida es duro en sectores tan maltratados por el Coronavirus como la gestión cultural y el turismo.

Podemos ver en los free tours tanto una señal de reactivación de la economía local como un triste indicio de decadencia del sector turístico en Bilbao. Depende de la perspectiva desde la cual se mire. De hecho, algunos guías de reconocido prestigio profesional, que hasta no hace mucho trabajaban para empresas establecidas, hoy aprovechan su experiencia y conocimiento del lugar para ganarse la vida con las propinas de los turistas. De otro modo tendrían que quedarse con los brazos cruzados en casa. Algo patético, pero muy frecuente en los tiempos que corren.

Irónicamente, las mismas agrupaciones políticas populistas que antes del Coronavirus protestaban contra el turismo de cruceros, hoy se erigen en defensoras de los intereses de las empresas de receptivo contra la anarquía y el intrusismo de los free tours. Pero no hay nada que hacer. Para bien o para mal, la ley está de parte de todos estos chiquilicuatros locuaces con camiseta roja y paraguas, gracias a un instrumento de la Unión Europea llamado Directiva Bolkestein, que desregula infinidad de servicios y profesiones libres. Todo seguirá así hasta que se haya conseguido desarrollar una nueva estrategia para el negocio turístico, basada en nuevas ideas, como por ejemplo tours temáticos, turismo de incentivos, gastronomía o ese nuevo Museo Ferroviario que desde hace años constituye la asignatura pendiente de una ciudad como Bilbao. Hasta entonces, lo que toca son paraguas blancos y un sálvese quien pueda.

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