¿Cuál es la Historia?

Epica y Decadencia de los Mercados Financieros

Ayuso: claves de una victoria

Ayuso

El 4-M está siendo explicado del mismo modo en que los historiadores de la vieja escuela narraban los hechos importantes del pasado: como el desenlace de pugnas entre grandes conceptos de valor, los diferentes caracteres morales de sus protagonistas o la afinidad con determinadas posiciones ideológicas vigentes no en la época en que los acontecimientos tuvieron lugar, sino cuando escribía el propio cronista. Este modo de hacer las cosas sigue siendo habitual en la actualidad, sobre todo entre los miembros de la clase política y quienes redactan titulares de prensa. Aunque el procedimiento resulte justificable, se hace necesario necesario complementar el «relato» (¡qué palabra más desagradable, por cierto!) con interpretaciones basadas en el análisis frío y desapasionado de factores económicos y sociales, así como en función de la misma dinámica de los hechos en una perspectiva de tiempo más amplia.

A menudo damos por hecho que unos comicios se deciden en las dos semanas de campaña previas a la cita electoral. Y eso es un error. Las elecciones -generales, regionales, municipales o en una comunidad de vecinos- ya están ganadas o perdidas desde meses o incluso años antes, en virtud del trabajo previo, la preparación del terreno y las horas que dedican al entrenamiento cada uno de los equipos que se presentan al campeonato electoral. Este es el caso de Madrid, donde, paradójicamente, no fue Isabel Díaz Ayuso quien dio el primer paso en la secuencia de acontecimientos conducentes a la jugada electoral más brillante en toda la historia de la España democrática. El primer movimiento lo hizo el Presidente del Gobierno.

Acto primero: la batalla política por Madrid

A mediados de 2020, Pedro Sánchez cometió el mayor error de toda su carrera política. Cediendo a la presión de un grupo de politicastros locales del PSOE, plataformas sociales, ONGs e incluso asociaciones compuestas por un reducidísimo número de personas (en ocasiones uno o dos miembros), quienes a través de páginas web se hacían pasar por extensos círculos de opinión que reivindicaban objetivos grandilocuentes como por ejemplo la sanidad pública o la lucha contra la corrupción, el Presidente del Gobierno decide posicionarse abiertamente en apoyo de un sector de la izquierda que desde los tiempos de Esperanza Aguirre está obsesionado con hacerse por el control político de la Comunidad. Así las cosas, con el apoyo de su Ministro de Sanidad, Salvador Illa, comienza a ejercer presión sobre Ayuso, achacándole sus errores en la gestión de la pandemia, boicoteando a la Presidenta en medios y redes sociales y tendiéndole trampas a base de decretos abusivos y acuerdos incumplidos.

La Presidenta, tras haber hecho un análisis acertado de la situación, es consciente de los márgenes de maniobra que le ofrece la misma naturaleza de la pandemia del Covid-19, evaluada de un modo erróneo tanto por los gobiernos central y autonómicos como por los «comités» de expertos al servicio de aquellos. El patógeno es ciertamente peligroso, más que una gripe estacional, pero ni de lejos tan letal como el que asoló al mundo un siglo atrás. Lo más importante es que al haber fracasado la gestión de la pandemia en España durante los primeros meses de 2020, ya no importa lo que se haga. El virus está en todas partes: en el agua, en la comida, en los objetos de uso personal. Los confinamientos, las restricciones de movilidad y los toques de queda no sirven para nada, ya que el patógeno sigue latente en cada uno de los ámbitos aislados y vuelve a circular cada vez que el gobierno relaja las medidas de contención. Prueba de ello es que ascensos y descensos de las curvas de contagios no guardan relación con los paquetes de medidas del Estado de Alarma y las normativas autonómicas, sino que durante todo este tiempo han ido a su aire impulsados por la propia dinámica de una situación epidemiológica fuera de control.

En estas circunstancias, permitir un mayor grado de libertad a las empresas y a la ciudadanía en sus quehaceres y desplazamientos cotidianos no tenía por qué traducirse en un empeoramiento de las cosas. Esta fue la apuesta estratégica de Isabel Díaz Ayuso: mantener los bares abiertos, menos restricciones en la vía pública y mayor sintonía con los intereses legítimos del pueblo. A comienzos de septiembre de 2020, la Presidenta sabía que todo el gobierno de Sánchez se le iba a echar encima en tromba, con sus ministras de cuota, sus medios a sueldo e incluso la división de matones ciberespaciales del escuadrón Galapagar. Pero si consiguía resistir durante algunas semanas, la situación epidemiológica y la economía de Madrid mejorarían notablemente al mismo tiempo, y los hechos le darían la razón a ella, y no al gobierno.

Efectivamente, al cabo de pocos días la situación dio un vuelco y Ayuso se pudo considerar vencedora en este pulso mantenido con el gobierno de Pedro Sánchez. A partir de ahí, el 90 por ciento del trabajo estaba hecho. La dinámica de los acontecimientos tomó el cauce que ha desembocado en el 4-M. Por lo demás, la pugna por Madrid no era un episodio táctico más en la lucha callejera de partidos, sino un episodio de esencial interés. Madrid es el centro económico y administrativo de la nación. Es el punto donde convergen todos los caminos, las vías férreas y los tejemanejes de los políticos. También es la comunidad que más recursos fiscales netos genera para el sostenimiento del sistema de financiación autonómica y todos los acuerdos políticos que dependen de él. Quien controla Madrid, controla España.

Acto segundo: desmantelando mociones de censura

A finales de marzo de 2021 una moción de censura orquestada por el PSOE y Ciudadanos fracasa estrepitosamente en Murcia. Ayuso, que está al tanto de maniobras similares en Castilla-León y la misma comunidad de Madrid, decide tomar la iniciativa disolviendo la Asamblea y convocando elecciones para el 4 de mayo. Con esta actuación, que desbarata de un golpe todo el orden de batalla trabajosamente organizado por los asesores de Sánchez durante los meses precedentes, la Presidenta toma la iniciativa. Además se crea en la opinión pública un efecto de resonsancia monumental que probablemente constituye la mayor campaña de propaganda gratuita en toda la historia de España. Es en este momento cuando comienza a gestarse el «efecto Ayuso».

Acto tercero: dominio de los tiempos

La misma campaña electoral, en las dos semanas anteriores al 4-M, llama la atención por una sobriedad, un dominio de los tiempos y unos nervios de acero, por parte de la presidenta en funciones, que son dignos de figurar en cualquier manual de Ciencias Políticas. Por algunos aspectos de su planteamiento y desarrollo, la campaña de Ayuso fue comparable a la de Franklyn D. Roosevelt contra Wendell W. Wilkie en las presidenciales norteamericanas de 1940. Del mismo modo que Roosevelt se mantuvo imperturbable hasta el último momento, tomando el relevo con un mensaje moderado una vez que su contrincante se hubo desgañitado con soflamas populistas y estériles golpes de efecto, Ayuso dejó que la izquierda caldeara el ambiente tanto como le diese la gana, hastiando a una ciudadanía madrileña harta de las tonterías de los políticos y ansiosa por regresar cuanto antes a la normalidad. Entonces, en el último momento, la Presidenta subió a su tribuna, dijo las cuatro cosas que tenía que decir y ahí terminó todo.

Epílogo: ¿y después?

Hay quien sostiene que el 4-M no significa gran cosa. Que las condiciones de Madrid son diferentes, y que el gobierno tiene previsto terminar su legislatura dentro de dos años conforme a lo previsto. Por las razones anteriormente expuestas, se puede intuir que nos encontramos en el comienzo de un cambio de ciclo. El dominio de Madrid no es imprescindible para gobernar la nación. Pero al haberlo perdido después de dejarse arrastrar a una lucha fuera de agenda, que además no le aportaba nada, Pedro Sánchez ha cavado su tumba política. El es consciente, de lo contrario no perdería el tiempo con todas absurdas escaramuzas electorales de las que informa la prensa de días a esta parte. A medio plazo, y pese a la opinión de algunos analistas políticos cuya opinión no resulta muy fiable al hallarse ellos mismos comprometidos por su apoyo al Gobierno de la Nación (como por ejemplo Aitor Esteban, durante la conferencia que sio en la Fundación Sabino Arana el pasado 6 de mayo de 2021) se vislumbra la posibilidad de un relevo político en Moncloa.

Lo único que queda por saber es si la propia Ayuso, como consecuencia de su deslumbrante triunfo electoral y el prestigio reportado por el mismo, va a desempeñar en ese relevo un papel más destacado que el de una modesta dirigente autonómica, o se quedará en segundo plano limitándose a cumplir las órdenes de un jefe de partido oportunista y mediocre como Pablo Casado. Ya veremos. En cualquier caso, y como esto no es una democracia al uso habitual, sino un Estado de Partidos, con sus camarillas, sus intereses creados y sus listas de partidos, no son Ayuso ni Casado quienes lo van a decidir.

Leave comment