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Imperiofobia: leyenda negra y tipos de interés

Elvira Roca

El blockbuster de María Elvira Roca Barea «Imperiofobia y Leyenda Negra – Roma, Rusia, Estados Unidos y el Imperio Español» (Editorial Siruela) va por su edición número 35, tras una exitosa publicación en el año 2016, con más de 100.000 ejemplares vendidos hasta la fecha. Todo un récord para el libro de ensayo más importante publicado en España en lo que llevamos de siglo XXI. Vaya por delante que aquí no interesa el estar a favor o en contra de la autora. Sobre gustos no hay nada escrito. Lo que importa es arrojar algo de claridad sobre los orígenes de un fenómeno editorial. ¿Por qué de repente la Leyenda Negra vuelve a ser trend topic, justo un siglo después de que un ya olvidado tratadista de la materia, de nombre Julián Juderías, tratase a fondo de ella en libros que hoy resulta imposible encontrar fuera de las bibliotecas municipales y los anticuarios on line? ¿Cómo es que se están haciendo tantas ediciones? ¿Y por qué toda esa polémica pública en antitratados, tertulias radiofónicas, podcasts y suplementos dominicales de la prensa nacional?

Elvira Roca Barea escribe «Imperiofobia» en un momento histórico en que la autoestima nacional española está de capa caída por diversas causas: problema catalán, desgaste del Régimen del 78 y, más decisivo aun, las secuelas de la crisis financiera que comenzó en el año 2008. Es precisamente en este último aspecto en el que la obra resulta del mayor interés, por su atrevida suposición de que las «leyendas negras» influyen sobre el atractivo de un país de cara a las inversiones extranjeras. Tener mala prensa o una imagen negativa obliga a ofrecer tipos de interés más altos, aleja a los gestores de fondos y hace que Elon Musk prefiera instalar la nueva planta de montaje de Tesla en Alemania antes que en un país de charanga y acordeón como España o Polonia. Todo ello en claro perjuicio económico de las naciones estigmatizadas.

En la última década hay claros ejemplos de lo que la autora sostiene. Nos limitaremos a mencionar el de la misma España durante la etapa del «rescate» bancario, cuando en la primera legislatura de Mariano Rajoy los tipos de interés de nuestra deuda soberana subieron hasta el 6%. Parte de este desajuste se debía a la inepcia de Zapatero, que estaba obsesionado con los brotes verdes y retrasó unas reformas impopulares para permanecer el mayor tiempo posible en su poltrona. Pero también había en ello su buena dosis de mala prensa, resultante de una visión negativa de España que los sucesivos gobiernos de la democracia no han sido capaces de corregir. Y no hablemos ya de Grecia. Este país, en los acuerdos de Londres de 1953, accedió a perdonar a Alemania todas sus deudas de guerra y después ha tenido que aguantar que Angela Merkel y Wolfgang Schäuble tirasen de las orejas al gobierno de Tsipras y lo pusieran de pie contra la pizarra durante la crisis de 2014-2015, como si fuera una pandilla de colegiales indisciplinados y traviesos.

La opinión más extendida, pese a las críticas vertidas en diversas publicaciones, es que la tesis de Elvira Roca es cierta. La posición política y económica en el mundo de España y otras naciones aquejadas de las pandemias espirituales de sus respectivas leyendas negras (Rusia) o una mala imagen transmitida por el cine (China, pueblos árabes) mejorará considerablemente el día que dejen de existir todos esos tópicos propagandísticos heredados de procesos de declive imperial o antiguas guerras. Los chinos ya se han dado cuenta. Por eso están produciendo un cine tan espectacular, entretenido e incluso mejor hecho que de los estudios occidentales.

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