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China va sobrada, pero ¿es para tanto?

China

En tan solo una década, China ha dejado de ser un productor en masa de mercancía barata destinada a los mercados de consumo para convertirse en una nación líder en tecnologías avanzadas de todo tipo. En Occidente aun domina el estereotipo del individuo bajito, servil y despabilado, que trabaja por un sueldo de hambre y es capaz de copiar todo lo que encuentra a su paso. Esta imagen, que está basada en prejuicios raciales y jamás correspondió a la realidad, no solo es la principal responsable de la nube de desinformación que rodea a todo lo chino. Aunque sigamos viéndonos como el ombligo del mundo, los occidentales no pasamos de ser gente provinciana, ombliguista y bastante snob. Todavía vivimos atrapados en el engañoso aura de superioridad legada por la era colonial. Ni siquiera nos damos cuenta de que en los nuevos mapamundis Europa ya no ocupa una posición central y fácilmente visible. Ahora el centro es China. Lo fue antes del siglo XIX, y por la implacable ley de los movimientos pendulares de la historia, resultaba inevitable que algún día volviera a serlo.

A los alemanes les preocupa el tema. Precisamente por ser líderes en tecnología, observan con atención todo aquello que sucede en el mundo por si pudiera representar una amenaza para su posición competitiva, con el propósito de informar a la opinión pública y animar al gobierno y a las instituciones alemanas a que se pongan las pilas. En su última edición (Nr. 9 / 26.02.2021), el prestigioso semanario Wirtschaftswoche publica un reportaje sobre los logros alcanzados por el gigante chino en diez tecnologías clave para el siglo XXI. Las conclusiones resultan reveladoras para entender cuáles son las verdaderas relaciones de poder entre el coloso asiático y Occidente, mucho más que cualquier comparativa de brocha gorda hecha a base de gráficos con el PIB y otras magnitudes macroeaconómicas.

¿Ha logrado China sobrepasar a Occidente, o al menos ponerse a su nivel? La respuesta es que pese a los avances realizados durante los últimos años, aun no lo ha hecho. El Imperio del Centro aventaja a Europa y Estados Unidos de un modo muy claro en dos de los ámbitos tecnológicos considerados, concretamente el de las baterías recargables y los medios de pago on line. Inútil discutir sobre las ventajas de ser líder en ambos mercados de cara a la movilidad eléctrica y la digitalización. Europa en general, y Alemania en concreto, no van nada bien en esta carrera: las fábricas de baterías que se construyen en la UE son chinas. Y con respecto a los medios digitales de pago, sin comentarios.

En los otros campos tecnológicos, sin embargo, China, a pesar de sus esfuerzos y la ayuda del gobierno de Beijing, aun se encuentra lejos de la paridad -inteligencia artificial, energías sostenibles e hidrógeno, sector aeroespacial, trenes de alta velocidad, conquista del espacio, ordenadores cuánticos-. Por lo que respecta al sector de las redes y telecomunicaciones, Huawei y otras empresas chinas estaban en vías de lograr una clara ventaja, antes de que la administración Trump les infligiese un golpe mortal con sus regulaciones proteccionistas y sus sanciones económicas. Finalmente, el ámbito en que los chinos aun se hallan en una clara desventaja con respecto a Occidente, y que resulta clave para el desarrollo de todos los demás, es la fabricación de semiconductores y microchips. Este es el verdadero talón de aquiles de la superpotencia china. Europa y Estados Unidos no han perdido ni de lsjos su condición de líderes indiscutibles en la industria microelectrónica. Y durante algunos años permanecerán en cabeza del pelotón.

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