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Bitcoins inaccesibles por perder un password

Bitcoin inalcanzable

Habiendo rebasadola cota de los 50.000 dólares, el Bitcoin supera las expectativas más ambiciosas de aquellos mineros que hace unos pocos años, ante un escepticismo general, decidían invertir un modesto capital en tarjetas gráficas de alta potencia, granjas de servidores y contratos de suministro sobredimensionados con las compañías eléctricas. También intensifica el drama -y frecuentemente la satisfacción por la desgracia ajena- en torno de aquellos que en su día lograron extraer del ciberespacio una buena cantidad de bitcoins, y que ahora no los pueden monetizar por haberse deshecho de los discos duros en los que los tenían almacenados o, más sangrante aun, haber perdido las contraseñas de sus monederos electrónicos o wallets.

Según el portal Chainalysis, se estima que por incidencias de este tipo pueden haberse perdido hasta 3,7 millones de bitcoins. Echale cuentas a la cotización actual: nada menos que 170.000 millones de dólares. La mayor parte de los damnificados son frikis que se las apañaron para reunir unos pocos bitcoins. Ni en sus más locas fantasías habrían llegado a prever un auge como el de 2020. Ahora perrean por no poder acceder a sumas de dinero que les permitirían jubilarse anticipadamente o comprar un piso en el centro de una gran capital.

Alcanzan dimensiones de tragedia griega los casos del ingeniero informático Stefan Thomas, antiguo jefe de desarrollo de la moneda XRP-Ripple (rival de Bitcoin), propietario de 7.000 bitcoins congelados por encriptación, que con su contravalor de 320 millones de dólares lo convertirían automáticamente en multimillonario; o el del británico James Howells, que hace años tiró su disco duro a la basura en Gales, con un saldo de bitcoins similar, y ahora intenta en vano lograr que el ayuntamiento de su ciudad le expida un permiso para remover todo el vertedero municipal con excavadoras. Es como en el mito de Sísifo: los dioses le condenaron a morirse de sed inmovilizándole dentro de un aljibe con el nivel del agua en sus labios.

Tanto la riqueza de los que pueden acceder a sus wallets como la frustración de aquellos que se ven forzados a utilizar como pisapapeles su inalcanzable tesoro en forma de disco duro de ordenador, y cuya frustración aumenta a medida que nos acercamos al final de la burbuja del bitcoin, forman parte de una gesta financiera que sin lugar a dudas pasará a los libros de historia, prolongando la infame saga de los tulipanes holandeses, la South Sea Bubble, el boom de los ferrocarriles durante la década de 1840 y otras célebres manías que terminaron como era de prever. Tales son la condición humana y el destino de todo lo que surge de la nada: que tarde o temprano, allí es adonde tiene que volver.

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