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Bilbao después del Coronavirus

Hosteleros en la brecha: Café Lago Bilbao

Café Lago Bilbao

Boni García, propietario de este emblemático local que conserva la atmósfera de los grandes cafés históricos de Bilbao, con un toque popular y una barra poblada de lo más selecto de la gastronomía vasca y española -desde bacalao, rabas y pintxos artesanales hasta jamón ibérico, torreznos y sus inimitables croquetas de chorizo- lo tiene claro: se está a pie de calle, sirviendo cafés, bebidas y comida para llevar, por razones vocacionales y de dignidad. Los establecimientos que llevan décadas abiertos al público y que aspiran a continuar estándolo en la época posterior al Covid-19 se consideran obligados a transmitir a la ciudadanía la impresión de que esto no es el final, ni siquiera unas vacaciones forzadas, sino tan solo un episodio más en la larga serie de crisis y desventuras que, junto a otros momentos de gloria, han hecho de Bilbao la ciudad que es.

Entre las muchas incongruencias normativas que hemos visto a lo largo de esta crisis está la cuestión de si las panaderías tienen más derecho que los bares y restaurantes a vender cafés. Que la administración no lo tenga claro, aparte del perjuicio que se causa a la hostelería, supone un disparate tan surrealista que entran ganas de reir, si la situación no fuese tan seria. El gerente del Café Lago no considera que los obradores de repostería sean una competencia. Muy al contrario, ambos tipos de negocio se complementan, mantienen vivas las calles y no pocas veces son clientes recíprocos de diversos productos.

Lo único que los hosteleros piden es igualdad de condiciones y un poco más de coherencia en la aplicación de las normas. Algo que, evidentemente, la administración municipal adeuda al sector de la hostelería, por los muchos años que este lleva sosteniéndola con sus impuestos.

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