¿Cuál es la Historia?

Bilbao después del Coronavirus

Infodemia: ¿Hubo alguna vez un «rebrote» del Covid-19?

Burnout sanitarios

Karl Marx solía decir que la historia se repite dos veces: la primera como tragedia, la segunda como farsa. En abril hubo pandemia, confinamiento forzoso, escasez de mascarillas y suministros médicos, hospitales atestados, gente muriendo en las UCI, enfrentamientos con la policía en las calles, parálisis económica general y terrores milenaristas. Aquello era la tragedia. Desde finales de julio a esta parte, sin embargo, lo que hemos tenido es muy diferente: papanatismo gubernamental y autonómico, normativas absurdas, incompetencia administrativa a todos los niveles y una infoxicación constante en medios de comunicación y redes sociales. ¿Es esto la farsa? ¿La «infodemia», como la llaman algunos? ¿Un suicidio del sentido comun colectivo? ¿El tiro de gracia innecesario para un sistema económico que empezaba a recuperarse y un colectivo de sanitarios ya inutilizado por el síndrome burnout de la primera oleada del #Coronavirus?

Los datos parecen indicar que nos hallamos precisamente en esa situación. No es que el Gobierno Central y los ejecutivos autónomos -incluido el vasco- sean absolutamente incapaces de recabarlos, transmitirlos e interpretarlos de manera mínimamente profesional. Es que además parece como si los inflaran aposta: el elevado número de positivos guarda más relación con una avalancha de pruebas PCR sin control que con la incidencia real del virus. En Euskadi, un análisis de la estadística oficial del Covid-19 sugiere que quienes recopilan los datos de los tests realizados no son los mismos que los que llevan el recuento de los resultados del análisis de las muestras en el laboratorio. Es cierto que ha habido un repunte de casos con nuevas hospitalizaciones e incluso muertes por Covid-19. Pero no está claro hasta qué punto ha podido influir en ello la movilidad típica del verano.

La situación de España tampoco explica por que otras naciones como Suecia, que pasaron una primera etapa complicada por sus políticas tolerantes, no han sufrido el «rebrote». Por no hablar de China, que habiendo sido origen y foco de la enfermedad, hace tiempo que volvió a un funcionamiento normal. ¿No será que en algunos lugares se aplican medidas medicosanitarias a problemas de tipo médicosanitario, mientras que en otros se opta por la política, los planteamientos ideológicos y un ordeno y mando de lo más burdo y nada típico de un sistema de libertades democráticas sino más bien de otros momentos de nuestro pasado histórico?

Clave importante de esta inoperancia demostrada por el Gobierno de España y sus títeres autonómicos podría hallarse en las famosas ayudas de Bruselas por importe de 140.000 millones de euros. Por echarles el guante, la clase política española prefiere dejar que se hundan todas las empresas del país. Porque en el fondo se trataba de eso: de escenificar una situación crítica en la economía española. Como se sabe, aquí el que no llora no mama. Y esta parte, la de la farsa marxista, la han interpretado tan bien, que ahora realmente la economía española SÍ tiene un problema. En el colmo de su incompetencia, el Gobierno ni siquiera se ha acordado de pedir ayudas para el turismo, que es el principal sector afectado por las desastrosas consecuencias de esta crisis de gestión sanitaria.

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