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Holanda paraíso fiscal, ¿verdadero o falso?

Holanda

«Holanda ens roba». Sobre este tema se puede leer largo y tendido desde hace semanas, no por casualidad desde que estalló la polémica sobre las diferencias de criterio entre unos países y otros sobre a cómo financiar el plan de reconstrucción de la UE. Y más concretamente desde el fiasco de Nadia Calviño en su candidatura a la presidencia del Eurogrupo. El asunto guarda relación con la actual crisis política española y las coces de Pablo Iglesias contra jueces, periodistas, Casa Real e incluso la misma Moncloa. Piénsenlo antes de alistarse en una cruzada contra la pérfida y calvinista Holanda por delitos de evasión fiscal que solo existen en la imaginación de algunos agitadores de extrema izquierda. Fíjense sobre todo en la disparidad de las cifras en los diversos artículos sobre el tema: de 900 a 13.000 millones es lo que el fisco español supuestamente perdería por la existencia de sociedades interpuestas en La Haya y Rotterdam. En todas estas estimaciones -a veces suscritas por economistas titulados como Juan Torres, luminaria intelectual de Podemos- la falta de rigor y de seriedad es total.

El tema tiene su cosa de distracción de otros problemas locales más graves. Ya saben, en la línea de aquella historia que data de tiempos franquistas, según la cual las verduras nos cuestan un ojo de la cara porque los intermediarios pagan una birria al pobre agricultor y luego hinchan el precio desvergonzadamente. Tales noticias se hacían circular durante los años 60 y 70 en prensa y medios de comunicación para disimular ante la opinión pública los fracasos de la política económica del gobierno. Y siguen circulando en la actualidad para el mismo propósito.

En realidad, y a pesar de todo lo que se diga por ahí, Holanda no es ningún paraíso fiscal. El problema es mucho más específico: su derecho de sociedades muestra algunas lagunas que, hábilmente explotadas por los contables de las multinacionales, permiten desviar flujos de capital de otros países causando cierto perjuicio a sus arcas públicas. Pero no en la escala que nos quieren hacer creer los artículos sensacionalistas de Diario Público. Además, el propio gobierno holandés ya está haciendo los cambios legales que permitirán terminar con esas ventajas tributarias.

No se dejen engañar por un bulo tan indocumentado y cochambroso como este. Aunque fuese cierto que España está perdiendo 900 o 1.000 millones de euros en concepto de ingresos tributarios, eso no es más que un enjuague comparado con las cantidades de deuda pública que el BCE permite descontar en el Banco de España. De manera que antes de culpar a los neerlandeses por nuestros problemas y la derrota de Calviño, tomemos nota de lo mucho que funciona mal en nuestro país. Veremos cómo cambia la perspectiva del problema.

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