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El Coronavirus beneficia al Gobierno

Gobierno Picapiedra

Quienes prevén un fuerte desgaste del ejecutivo de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias como resultado inevitable de su desastrosa gestión de la crisis del #coronavirus, harían bien en ir quitándoselo de la cabeza. El declive será mucho más prolongado. Pese al derrumbe de la economía, el recorte de libertades ciudadanas y el cierre masivo de bares, los dos partidos de izquierdas que conforman el ejecutivo, PSOE y UP, saldrán reforzados de la pandemia. En primer lugar, el Gobierno de la Nación es la cara visible de un Estado de Partidos que tiene como objetivo su propia supervivencia. Y para alcanzar ese fin, un gobierno pésimo es mejor que no tener gobierno en absoluto. Puesto que no hay alternativa, quienes están ya en el poder tienen las mejores cartas para quedarse en él.

En numerosos países del entorno la crisis del Covid-19 está propiciando un retorno del Estado al primer plano: medidas sanitarias, decretos de emergencia, policías en cada esquina y la aportación de ayudas financieras a gran escala para reflotar la economía. Gracias al patógeno, en estos momentos el intervencionismo estatal goza de buena prensa. Esto sucede no solo en el inculto y aborregado sur de Europa, sino en países como Alemania, que como todo el mundo sabe, es la patria de la Economía de Mercado Social. La misma ciudadanía acepta este protagonismo de lo público como una alternativa razonable. No porque un poderoso aparato mediático se haya empeñado en ello, sino porque la psicología de masas funciona así. Cuando una casa se quema, no llamamos a Ramón Rallo, sino a una cuadrilla de bomberos uniformados.

Por consiguiente, y aunque esto decepcione a más de uno, toda esa actividad de crítica, denuncia y sarcasmo que está desplegando la Oposición no va a servir para nada. Defender las libertades -propósito de lo más noble, por cierto, en el que también está empeñado quien esto escribe- resulta inútil frente a un pueblo que ya de entrada asume como algo necesario un recorte en las mismas.

La alternativa no está en los debates bizantinos en el Congreso de los Diputados ni en la ridiculización sistemática de toda esa basura neomarxista que nos inunda: feminazismo, animalismo, lenguajes inclusivos y la Brigada anti Amancio. Cualquier partido que aspire a conquistar el poder -incluyendo a las propias formaciones de izquierda moderada interesadas en conservarlo a largo plazo- debe trabajar por un cambio de encuadre. El mito épico de la confrontación secular entre un rapaz e inhumano capitalismo liberal y una socialdemocracia incompetente, pero bien intencionada, que ni siquiera existen en la realidad, tiene que ceder paso a la búsqueda de fórmulas eficaces de cooperación entre el sector público y las empresas privadas. Eso sí que serviría para superar la recesión causada por el Coronavirus y poner la economía nuevamente en marcha.

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