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Suecia y el Coronavirus

Suecia Coronavirus

Suecia ha sido noticia en los últimos días, por hacer lo contrario que la práctica totalidad de los restantes países en la gestión de la crisis del #coronavirus: no parar la economía ni decretar confinamientos masivos, limitándose a apelar a la responsabilidad de la ciudadanía para que cada cual, de acuerdo con su situación y circunstancias, tomase las oportunas medidas de seguridad. En un principio parecía que este modelo iba a funcionar. Pero al final, las estadísticas sugieren que a la postre el resultado es peor, o en el mejor de los casos, muy parecido al de cualquier otro país desarrollado. Al margen de números -que tampoco son fiables-, existe en los medios de comunicación cierto interés por desprestigiar la estrategia sueca. Cualquier balance positivo que aquella pudiera aportar dejaría en evidencia las políticas de gestión de otros gobiernos, entre ellos el de España. En otras palabras, se trata de encuadrar a la opinión pública en el falso debate sobre el dilema entre «salud» y «economía». Por supuesto, de un modo que favorezca a la clase política. La información es unidimensional, basada en la cantidad de muertos por millón de habitantes, y no tiene en cuenta otros factores.

Basta fijarse, por ejemplo, en la mortalidad por rangos de edades. Con pirámides demográficas envejecidas, la aparición de altas tasas de mortalidad, con Coronavirus o sin él, es solo cuestión de tiempo. Cuando una parte considerable de la población pasa los 90 años, gripes, neumonías y otras enfermedades estacionales pueden tener el mismo efecto devastador que el Covid-19. De hecho, la mitad de los fallecimientos suecos han tenido lugar en residencias de la Tercera Edad, al igual que en España.

La cuestión de si la estrategia sueca de lucha contra la pandemia es mejor o peor que la de otros gobiernos se decidirá con el tiempo. Para ello será necesario disponer, además de los datos sobre incidencia y letalidad (no los oficiales, sino los auténticos), de otra información relativa a las consecuencias sanitarias y psicológicas derivadas de los cierres de empresas, el paro y los confinamientos forzosos de larga duración.

Debido a la interdependencia de las economías y a la caída del comercio internacional, hay quien opina que a la larga el balance de todos los países tiende a igualarse. Por lo tanto, si hay algo que aprender, será de la experiencia colectiva, más que de andar comparando unos casos particulares con otros.

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