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Bilbao después del Coronavirus

El camarote de los Hermanos Marx: ¿Tiene sentido malgastar un test con un paciente que ya muestra todos los indicios de estar padeciendo la enfermedad?

Hermanos Marx: camarote

En muchos centros esta rutina forma parte del protocolo, con el resultado que nos podemos imaginar: un caso más para la estadística del Ministerio, un test menos para controlar el avance de la pandemia. Teniendo en cuenta que tampoco existen remedios adecuados para el #Coronavirus (salvo los mismos que para la neumonía u otras infecciones víricas similares), lo más sensato es llevar a la persona a la UCI, tratarlo y aplicarle el respirador si hace falta (y si lo hay, claro). Los tests PCR -sobre todo los de buena calidad, con una fiabilidad superior al 80%, no esos kits de aficionado que traen en avión desde China- deberían ser empleados de un modo más racional.

Como no sabemos cuál es la incidencia real del virus en la población, lo primero que debería hacerse es un programa de pruebas a personas seleccionadas por muestreo aleatorio. De este modo se conocería el número total de personas contagiadas. Con esa cifra en la mano, el cálculo de ratios relevantes (letalidad, asintomaticidad, etc.) sería un juego de niños. Ello facilitaría la planificación y asignación de recursos. Con solo 3000 o 4000 pruebas conoceríamos el número real de contagiados en toda españa, con un margen de error de tan solo un 2% -a condición, claro está, de que el muestreo estadístico estuviese bien hecho-.

Pero hay un problema de imagen. Hasta tal punto que posiblemente SE HAYA HECHO YA, pero los resultados de la investigación no se difunden porque, lógicamente, son mucho mayores que los resultantes de un conteo simple de contagiados y muertos en los hospitales. Hablamos de una cifra 10 0 15 veces superior a la declarada. Tras haber pasado dos meses tratando de apretar las cifras de 30.000 muertos y 250.000 contagiados para dejarlos encerrados en el camarote de los Hermanos Marx, el gobierno no puede permitirse reconocer que en España podría haber -por decir una cifra- en torno a los dos o tres millones de casos.

La buena noticia para Pedro Sánchez es que otros países no lo están haciendo mucho mejor. Sin duda alguna todos conocen las cifras reales, pero ninguno las da. El trabajo de planificación y asignación de recursos de los diversos Estados no tiene nada que ver con la política informativa y la transparencia frente a la sociedad civil.

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