¿Cuál es la Historia?

Crónicas Emprendedoras del Nuevo Bilbao

Izarra, la locomotora que duerme al raso

Izarra, primera locomotora de Bilbao

Es lo bastante grande como salir en Google Maps. Si no me creen, compruébenlo ustedes mismos, poniendo el plano de Bilbao en modo satélite y ampliando la zona donde la calle García Salazar desemboca en Hurtado de Amézaga. Allí mismo se la puede ver, sobre un par de viejos raíles emplazados sobre un mohoso tarimón de madera, entre la verja que separa de la vía pública el recinto de la estación Abando-Indalecio Prieto y las vías por las que circulan los trenes de cercanías: Izarra, la primera locomotora de Bilbao, que entró por primera vez en la Villa en el año 1863.

Izarra es una locomotora de la clase Metropolitan A, una serie de icónicas máquinas construidas durante la década de 1860 por Beyer Peacock en Gran Bretaña. Entonces eran el no va más de la naciente tecnología del vapor, en una época en la que Inglaterra aun no había sido aventajada en la Revolución Industrial por Alemania y Estados Unidos. Las locomotoras Metropolitan tienen un diseño muy interesante. Fueron la transición entre los primeros trenes pioneros del siglo XIX, parecidos a carromatos, que seguían las líneas funcionales y compactas establecidas por Trevithik y Stephenson, y las poderosas máquinas de las grandes líneas durante la época dorada del ferrocarril, esas que se ven en los peliculones del blanco y negro.

Hoy, Izarra es parte del patrimonio industrial de Bilbao. Solo que no nos damos cuenta. El peatón lleva décadas contemplando la Izarra desde la calle. A veces, tal vez, alguien incluso llega a preguntarse quién pudo dejarse ahí tirado ese viejo cacharro. Hay poca gente que tenga noción de lo que esta locomotora significa, y los que oyen la historia se quedan sorprendidos. Pero lo que realmente maravilla es averiguar que después de haber traído el ferrocarril, cuatro décadas antes de que se fundaran Altos Hornos y los talleres Euskalduna, la Izarra permaneció en servicio nada menos que hasta la década de 1960, maniobrando vagones de carga en Basauri. Para que luego digan que antes no se hacían las cosas pensando en el futuro.

Resulta incomprensible que a esta maravilla tecnológica de la Revolución Industrial, que no solo hizo historia en Bilbao, sino también en Londres (fue originalmente creada para circular por los túneles del metro), en Europa Continental, el Nuevo Mundo y Oceanía, la hayan dejado abandonada a la intemperie, permitiendo que la corrosión la devore poco a poco ante la total indiferencia de RENFE y la autoridad municipal. Está claro que algún día, antes de que sea demasiado tarde, habrá que hacer algo al respecto y meterla dentro de un recinto en condiciones. No costaría mucho habilitar, por ejemplo, un museo ferroviario en el que también estuviesen alojadas otras locomotoras históricas de nuestro patrimonio arqueológico industrial. La inversión podría recuperarse con creces e incluso contribuir al fortalecimiento de Bilbao como destino, ya que el turismo ferroviario constituye un segmento de alto valor añadido y cada vez más popular. Como ejemplo, en Alemania existen más de 270 asociaciones ferroviarias, vinculadas a la tradición y la economía turística de las ciudades respectivas.

La próxima vez que pasen por Hurtado de Amézaga y la vean en su apartadero, resistiendo impávida y orgullosa al paso del tiempo, les pediría que dedicasen un par de minutos a reflexionar sobre lo que esta locomotora significa en la historia de nuestra ciudad. ¿No les gustaría poder verla a salvo de la lluvia y el polvo en un recinto apropiado, expuesta en más dignas condiciones junto a otras máquinas antiguas, como la Artola, la Guipúzcoa o el Pepe, que han logrado sobrevivir a las guerras, la electrificación y las reconversiones industriales? Para más información, no solo sobre la Izarra y otros vehículos históricos de nuestro parque móvil ferroviario, sino también sobre la conveniencia de crear en Bilbao un museo ferroviario -utilizando para ello las dependencias de la antigua estación de Atxuri- me permito recomendarles un libro editado recientemente por la Asociación de Amigos del Ferrocarril: «Bilbao, siete calles, siete estaciones» (2019). El ejemplar cuesta solo 5 euros, y lo podrán encontrar en el Café Lago, Calle Correo 13, pidiéndolo en la barra mientras se toman un café o una cerveza.

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